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Página 1 de 5 En el cañón del Río Lobos, provincia de Soria, ubicada en un paraje espectacular, se encuentra la ermita románica de San Bartolomé, que esconde, tras el silencio de las marcas y signos de sus sillares, la historia de corrientes y tradiciones gremiales muy antiguas. Desde los primeros signos grabados en la roca por nuestros antepasados hace miles de años en el primero de los templos a la Diosa, la Cueva Grande, hasta los signos lapidarios inscritos en los sillares de la ermita durante el medioevo, ¿podríamos afirmar que existe una continuidad en el mensaje que transmiten? De ser así, significaría que los gremios de constructores medievales fueron los depositarios de una tradición constructiva muy antigua, cuyos orígenes se remontan a los círculos de piedra megalíticos, y basada en el uso de las matemáticas, la geometría y la astronomía; auténticos ejes vertebradores de todo cuanto está dispuesto en el templo, donde cada una de sus partes puede ser explicada en función del conjunto. El esquema "sagrado" subyacente, empleado para realizar la proyección planimétrica de la planta y el alzado, permite al maestro arquitecto reproducir en el templo, según la perfección dictada por los números, los principios subyacentes a los fenómenos que se pueden observar en la Naturaleza, convirtiendo estos recintos en auténticos compendios del saber donde confluyen arte y ciencia; espacios en donde se ha preservado el legado de una tradición cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos y de la que aún queda mucho por aprender.
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