El cañón del río Lobos: ¿un entorno amenazado? | Imprimir |  E-mail

El cañón del río Lobos es un lugar en el que aún pueden percibirse claros y diáfanos los ecos de cultos y tradiciones inmemoriales. Y digo aún se puede porque la masiva afluencia anual de visitantes pone en peligro este hábitat irremplazable. El problema surge cuando no hay conciencia real sobre el impacto real que se está produciendo en el entorno ecológico.  En este sentido, si no se actúa a favor de la conservación de este patrimonio natural asistiremos a la paulatina desaparición de uno de los entornos más fascinantes de la Península. Es este un espacio único que aún se conserva casi tal y como era hace miles de años, cuando fue ocupado por los primeros de nuestros antepasados, con los ríos Lobos, Chico y Ucero como anfitriones, con sus cuevas y simas, sus cortadas y sabinares, sus fuentes y rocas sagradas. Un entorno natural que debería protegerse a toda costa de cualquier tipo de afán mercantilista u otros oscuros intereses.

Buitre Leonado (Cañón del Río Lobos)

El cañón del Río Lobos hace 20 años

Así escribió Juan García Atienza en el año 2002 sobre el Cañón del Río Lobos:

"Desde Palacios podemos elegir entre desandar el camino hasta Molinos del Duero y salir por el sur a la carretera nacional 234 o arriesgarnos por los caminos que nos llevarán directamente a la provincia de Soria y a la localidad de San Leonardo de Yagüe. Allí tomaremos, siempre hacia el sur, la carretera de El Burgo de Osma, pasaremos por Casarejos y descenderemos la cuesta que llaman la Degollada, hasta el puente que cruza el río Lobos. Es aquí donde debemos tomar el camino de tierra que nace a la derecha, para internarnos en el valle. Si lo hacemos en un día cualquiera que no sea el de la romería de San Bartolomé, este lugar nos parecerá el más solitario y abandonado del mundo. En lo alto planean  las águilas y no será raro ver un zorro mirándonos a cierta distancia. Las paredes del valle son escarpadas y en las rocas cimeras se distinguen covachas que nunca han sido exploradas.

Hace muchos años de esta descripción; y ahora, releyéndola, me estremezco al pensar en la cantidad de circunstancias que han cambiado desde entonces. Me dicen amigos que han visitado recientemente el río Lobos que los signos de depredación se ven por todas partes; que el paisaje se ha poblado de basuras: latas, bolsas de plástico, restos de comida. Ya no de ven zorros, sino, los domingos, abundantes domingueros surtiéndose en un improvisado chiringuito que se ha instalado en lo que antes era un lugar absolutamente solitario. Los zorros han desaparecido y no se ven águilas por las alturas. Muchas rocas “lucen” pintadas hechas por los excursionistas y el riachuelo baja sucio, contaminado por las basuras arrojadas sin discriminación.

Se me ocurre pensar - y desearía equivocarme - que yo pueda haber tenido parte de culpa al publicar estas líneas y haber roto con ello el encanto de lo desconocido. Mi amigo Alberto Barrios - creo que fue él - me escribía un día algo así como: ”Desde que tú hablaste del río Lobos, este lugar se ha vuelto intransitable”. Me aterra pensar en mi posible responsabilidad, un terror que se ha repetido cuando he tenido noticias de la depredación irreparable que han sufrido los letreros de las laderas del Julan, en la isla de Hierro (itinerario 35), de las que otros amigos me han mostrado fotografías de los lugares que yo había retratado entonces y que ahora he comprobado que faltan más de la mitad de las losas escritas por los guanches."

Bibliografía: "La nueva guía de la España mágica", Editorial Grijalbo.

 

El cañón del Río Lobos hoy

El Cañón del Río Lobos es un hábitat irremplazable y no podemos permitirnos el perder más lugares como éste. Se deberían tomar medidas y realizar algún tipo de estudio de impacto ante la masiva afluencia de visitantes. Claro que el presupuesto no debe llegar para tales asuntos. Sin embargo hay que pensar que son precisamente estos lugares los que atraen a la gente y lo hacen precisamente por lo que son y han sido durante miles de años: lugares de culto y veneración y no "parques temáticos saca-dineros".

En Tarragona he podido observar esta triste evolución, y lugares que antes eran bellos parajes naturales de los que todo el mundo podía disfrutar yacen hoy sepultados bajo toneladas de hormigón, antenas de televisión por cable y pistas de “squash” y balnearios. Las autoridades competentes deben estar atentas y vigilantes al cuidado del matenimiento del equilibrio ecológico de estos enclaves, verdadero patrimonio de todos, los que estamos y los que aún están por venir.

Así podría ocurrir en el mismo entorno de Valonsadero, rico en grabados rupestres, en donde se proyecta la construcción de una “ciudad ecológica”, como si las ciudades pudiesen serlo, que planea amenazadoramente sobre el horizonte de estas tierras sorianas, que no conoce ni ha conocido ciudades pero sí pueblos y villas, y monte mucho monte.

Muchos lugares como San Bartolomé se encuentran hoy en serio peligro. El mercadeo y los expolios han acabado con muchos yacimientos en este país. Según cuentan en Santa María de las Hoyas han llegado al punto de cortar a radial estalactitas de más de 100 kilos, arrastrarlas hasta una camioneta y llevárselas para vaya usted a saber el qué. Como fue el caso de una  estalactita muy admirada que se encontraba a la entrada de una de las cuevas cercanas al pueblo. Hoy quizás esté sirviendo de pie de lámpara en la casa de algún excéntrico.

Las autoridades competentes deberían hacer un esfuerzo en este sentido y proteger y regular el entorno del Cañón del Río Lobos antes de que sea demasiado tarde, pues todos los marcadores actuales apuntan a la extinción de muchas especies naturales y a la desaparición gradual de la magia de este lugar. 

 

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