En uno de sus libros sobre este enclave soriano, ya Campomanes da noticia de la ermita templaria de San Bartolomé de Ucero, construida en el corazón del cañón del río Lobos, a medio camino entre Soria y Burgos, en la comunidad de Ucero, Nafría de Ucero y Herreros de Soria. La historiografía oficial niega cualquier tipo de filiación templaria. Sin embargo, a pesar de la relevancia de una construcción tan notable, no se conserva ningún documento sobre su fundación en el archivo catedralicio de la diócesis de Osma, no sabemos quiénes fueron sus promotores, cuál es su verdadera advocación, ni qué orden monástica ocupó el templo durante los más de doscientos cincuenta años en que no hay noticia de la existencia de ninguna iglesia en el cañón del río Lobos.
Notas históricas
El documento más antiguo que se conserva es del año 1477, cuando el obispado de Osma fundó la abadía de San Bartolomé. Como es natural, este extraño vacío documental, ha fomentado todo tipo de teoría y especulaciones. Hay quienes defienden que la verdadera advocación del templo es la de San Juan, y que en realidad se trata de la iglesia del desaparecido convento templario de San Juan de Otero, tal y como aparece en una bula del papa Alejandro III, del 10 de octubre de 1170, donde es mencionado como uno de los doce monasterios más importantes que la Orden del Temple tenía en la península Ibérica. El primero en afirmar que la ermita románica de San Bartolomé es la iglesia del desparecido convento templario de San Juan de Otero fue el historiador de la diócesis Juan Loperráez en el año 1788. El nombre de este convento y su ubicación en tierras sorianas figura en una bula del Papa Alejandro III, del 10 de octubre de 1170, siendo citada posteriormente por Francisco Rades de Adrada (1572), Argote de Molina (1588), Pedro Rodríguez de Campomanes (1747), Juan de Mariana (1789) y Santiago López (1813).
Hacia el año 1212 las tierras de Ucero, que hasta entonces habían sido repartidas entre la Mitra de Osma, la nobleza y las Órdenes Militares, pasan de una jurisdicción de realengo a convertirse un señorío nobiliario. Como primeros propietarios figuran en los documentos los nombres de Juan Gonzalo de Ucero y otros, entre ellos, los señores de Cameros. Todos ellos formaron parte de las fuerzas que participaron en la batalla de las Navas de Tolosa.
En el año 1270 tenemos noticia de doña Juana González de Uzero, posiblemente nieta del anteriormente citado Juan Gonzalo de Uzero, de la que sabemos que donó a la iglesia de Osma varias propiedades en Ucero. En al año 1272 el señor Juan García en su testamento cede a su segunda esposa, María Alfonso de Meneses, el señorío de Ucero. Al enviudar pasó a residir en el castillo de Ucero y es cuando mantuvo relaciones con el infante Sancho, que pocos años después se convertiría en rey de Castilla. Fruto de esas relaciones nace una niña a la que llaman Violante Sánchez. La madrina fue María de Molina, la que finalmente acabaría siendo la que casó con Sancho IV, convirtiéndose en reina.
Violante Sánchez recibió el señorío de Ucero por donación de su padre. Sinembargo, Violante se enemistó con su hermanastro, el rey Fernando IV, cuando su marido, Fernando Ruiz de Castro, se rebeló contra él. Tuvo que refugiarse en Portugal. A su regreso ingresó en la Orden de Santiago a la que cedió todos sus bienes a su muerte aunque no se viera cumplido este deseo. Es este el periodo más complejo. Tiempo en el que se sucedieron las luchas entre nobles y la anarquía llegó a amenazar la unidad de Castilla. Uno de estos señores, Juan García de Villamayor aprovecharía esta situación para apoderarse por las armas de Ucero a favor del rey Fernando IV. Sin embargo, y viendo cercana la muerte parece arrepentirse por los excesos cometidos contra la Iglesia y resolvió el vender el señorío de Ucero a un precio irrisorio a la Mitra de Osma, venta fechada el 23 de mayo de 1302.
Aunque la venta a la Mitra de Osma acabó prosperando muchos nobles se declararon partidarios de Violante Sánchez para defender lo que consideraban eran sus tierras. Hasta tal punto llegó la disputa que en el año 1313 el obispo Juan Ascarón se levantó en armas contra Juan Fernández Padilla, señor de Calatañazor por haberse apropiado del señorío de Ucero. A estos efectos la compra del señorío de Ucero por la Mitra de Osma acabó por obtener el control del lugar. A pesar de todo, aunque la exhacienda templaria y el señorío de Ucero pasaran a manos de las instituciones eclesiásticas del Burgo de Osma, no se produjo ninguna supeditación jurisdiccional ni económica de ninguna de las partes y se llegó hasta el curato de Ucero, cuando en el año 1593, el cura párroco de San Bartolomé reclama el templo alegando que se encontraba en su jurisdicción.
Hacia mediados del siglo XVII los abades se van alejando de la ermita y está entra en un periodo de degradación. Se decide embargar al curato de Ucero para realizar las restauraciones. Tras todas estas disputas entre los abades del Burgo y el curato y las gentes de Ucero llegamos al año 1778, cuando la posesión de la ermita provocó un nuevo pleito entre ambas partes. El Procurador Sindico General denunció al Concejo por recaudar dineros de los comestibles que se vendían en la ermita el día de su festividad. El Concejo de la villa de Ucero alegó que así se había hecho desde tiempos inmemoriales. A día de hoy la villa sigue organizando y recaudando los impuestos de la romería.
A pesar de los documentos de los que tenemos noticia sobre la propiedad del señorío de Ucero por parte de otras personas en tiempos muy próximos a la desaparición de la Orden del Temple, la tradición afirma justo lo contrario, y “ni siquiera la ausencia de documentación puede negar la evidencia de la presencia de cabezas de templarios en los canecillos de la ermita, así como la acumulación de elementos que, si quiera por sus características, tienden a asimilar a este lugar la adscripción tradicional: figuras gemelares, toneles de vino, crucificados esquemáticos y signos pitagóricos”, según palabras del escritor Antonio Ruiz.
En opinión de Ángel Almazán, la creación del señorío de Ucero sobre el 1220, forzaría a los templarios a abandonar la Villavieja para "trasladarse al corazón del Cañón del Río Lobos. Así el convento de San Juan de Otero pasó a ser esotéricamente otero derivado de altarium, es decir, altar, pues la nueva ubicación ya no tenía una función exotérica sino iniciática", como se puede leer en su libro"Templarios, Sanjuanistas y calatravos en Soria".
Rades aporta un dato importante: el nombre de un templario que lo fue de San Juan de Otero y que luego se hizo calatravo y a la muerte del cual se desató un pleito entre estas dos órdenes militares para hacerse con los bienes de su testamento y con el control del señorío de Ucero, que incluía los terrenos de la ermita. Pues bien, dicho templario era natural de Fuentearmegil, a unos escasos 6 km de San Bartolomé de Ucero, su nombre era Fernán Núñez de Fuentearmegil.
El supuesto convento templario de San Juan de Otero tendría que haber sido anterior a la muerte de Fernán Núñez. El cronista Gil González Dávila (1618) da noticia de que los templarios ya estaban en el obispado de Osma sobre el año 1150. Tras su muerte estalla la disputa entre la nobleza de Calatañazor y el obispado de Osma por las tierras inmediatas al entorno de la ermita y a la fortaleza de Ucero. Para el obispado de Osma las tierras del señorío de Ucero eran un plato muy apetecible, punto estratégico a medio camino entre Soria y Burgos. Finalmente el testamento de Juan García de Villamayor, tras una más que sospechosa compraventa el 23 de mayo de 1302, hace que estos territorios y con ellos, San Bartolo, pase a manos del obispado de Osma. El toponómino que aparece en esta transacción es Utero. Es curioso que el obispo Juan de Ascarón tuviera que batallar contra Juan Fernández de Padilla, señor de Calatañazor y pariente de maestres calatravos para conservar el señorío de Ucero.
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